Por qué las dietas no funcionan: la verdad sobre la cultura de la dieta
- alejandra0358
- 27 oct 2025
- 2 Min. de lectura
El 95 % de las personas recupera el peso que perdió.Ese dato solo debería bastar para hacernos una pregunta:¿por qué seguimos intentando con otra dieta más?
Durante años nos han hecho creer que el problema es la falta de fuerza de voluntad. Que si no logramos “mantenernos firmes”, somos débiles. Pero la verdad es otra: las dietas están hechas para fallar.
Y lo más triste es que, mientras nos sentimos culpables por “no poder”, hay toda una industria que gana millones repitiéndonos la misma promesa, una y otra vez.
Primero fue “entre más flaca, mejor”.Después, el famoso 90-60-90.Luego vino la era del fitness extremo, del “sin tetas pero con cola grande”.Y ahora otra vez: delgada, natural, “limpia”.
Cada moda trae su nueva dieta milagrosa: keto, detox, ayuno intermitente, low carb…Y cuando no “funciona”, llega la siguiente.Porque lo que realmente se vende no es salud, sino la sensación de que todavía te falta algo para estar bien.
Ese es el verdadero negocio de la cultura de la dieta: mantenernos persiguiendo un ideal imposible, culpándonos por no alcanzarlo.
Ahora las dietas vienen en forma de inyecciones.Son el nuevo juguete de una sociedad que siempre busca la versión rápida del cambio.
Se venden como seguras, modernas, médicas. Pero detrás de esa promesa está el mismo patrón de siempre: el miedo a subir de peso, la culpa después de comer, la comparación constante.
Y cuando el efecto pasa, lo que queda es igual que antes: la lucha interna.Porque ninguna inyección puede sanar lo que sentimos cuando creemos que nuestro valor depende del cuerpo.

El verdadero problema no es lo que comemos, sino lo que pensamos de nosotras cuando comemos.Nos enseñaron que “controlar” es ser exitosas y que “perder el control” es fracasar.Pero el cuerpo no necesita que lo controlemos, sino que lo escuchemos.
Imagina poder sentarte a comer sin culpa. Poder disfrutar de un postre sin miedo al rebote. Imagina que la comida deje de ser un examen diario y vuelva a ser lo que siempre debió ser: solo comida.
Recuerdo a una paciente, la llamaré María, que me dijo una vez:
“Ale, he hecho todas las dietas. Bajar, subo, bajo otra vez… y cada vez me siento peor. Siento que algo está mal conmigo”.
Y no, no había nada mal con ella.Lo que estaba mal era el mensaje que había aprendido a repetir: que solo merecía sentirse bien cuando pesaba menos.
Cuando María empezó a sanar su relación con la comida —no a controlarla—, su cuerpo dejó de ser una batalla. Empezó a escucharlo, a confiar en él. Y en ese momento, sin dietas, empezó a sentirse libre.
Esa libertad es posible para ti también.Pero no nace de una dieta más, sino de atreverte a cuestionar lo que te enseñaron.De darte permiso de descansar, de sentir, de comer, de existir sin reglas que te asfixien.
Porque sanar no es rendirse, es dejar de pelear.Y cuando dejas de pelear, finalmente puedes escuchar lo que tu cuerpo lleva años intentando decirte.
Si este tema resuena contigo y quieres seguir reflexionando sobre tu relación con la comida, puedes unirte a mi newsletter “En voz alta”, donde cada semana comparto historias, herramientas y reflexiones reales sobre sanar.




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